CAMBIAR UN HÁBITO 2ª PARTE

Ayer os contaba cómo funciona nuestro cerebro y cómo tiene la necesidad de moverse en lo conocido y porqué nos volvemos buenos en lo que hacemos dentro de nuestros caminos neurológicos habituales, sean para beneficiarnos o perjudicarnos. Estos caminos son como autopistas, muchas veces nos vemos haciendo cosas antes de que incluso nos demos ni cuenta, como comer o mirar redes sociales. Una clienta me suele decir, que muchas veces no se acuerda si se duchó o no, o qué ha comido ese día.

Cambiar significa no coger esa autopista y en su lugar meternos por bosques por donde no hay ni caminos hechos, ahí es donde el cerebro se niega a meterse, porqué le requiere mucha energía para enfrentarse a lo desconocido.

Para cambiar hábitos, no debemos pensar en cambiar nuestra vida o nuestro cuerpo sino observar nuestra mente y nuestros pensamientos, y ser conscientes de que nuestro cerebro no quiere cambiar, porque así ha sido diseñado, para trabajar eficientemente de una forma repetitiva y segura.

Y cuando entendemos esto, se nos abre un mundo de posibilidades, no solo en lo relacionado a la comida, sino muchas otras cosas en nuestra vida. Nos damos cuenta de que nuestro cerebro se resiste al cambio y que aunque queramos perder peso, se nos hace un mundo comer solo cuando tengamos hambre, porqué esto nos requiere una cantidad extra de energía, superar la resistencia al cambio de nuestro cerebro, que no quiere dejar de funcionar en “piloto automático.”

Es difícil, pero la única forma es prestar atención a las cosas que hacemos de forma automatizada cada día, como llegar a casa, esforzarnos en no abrir nevera y en su lugar hacer otras cosas que no tengan nada que ver con la comida.

Observar estos patrones de actuación es lo más importante para poder cambiar lo que pensamos, lo que sentimos y la sensación que hay asociada a lo que hacemos de forma repetida. Una vez que somos conscientes de ello, es cuando decidimos si queremos o no cambiar. Y ahí es donde empieza el cambio, que se establece sobre unos cimientos sólidos.

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