La vida nos ofrece innumerables oportunidades para hacer un trabajo interno de crecimiento personal si tenemos la inquietud de crecer y mejorar.

Cuando decidimos hacer este trabajo interno surgen inevitablemente sentimientos desagradables. Es cuando nos vemos las caras con todo aquello que durante toda nuestra vida hemos elegido apartar de nuestra atención.

Todos tenemos trabajo interno pendiente, y afrontarlo no es fácil. Cuando lo hacemos salen a la superficie todas esas creencias limitantes que hemos creado por diferentes motivos, educación, cultura, sociedad, carácter…y que han condicionado nuestra vida en forma de miedos e incertidumbre.

Poner a prueba nuestra fortaleza y capacidades nos enseña a crecer, y el dolor siempre es el gran maestro de nuestra vida.

Salir de nuestra zona de confort es absolutamente necesario si queremos aprender y progresar, es un proceso de cambio que va a mejorar nuestra vida, permitiéndonos sanar heridas, vivir en paz y ser más felices.

Cuando somos conscientes de ello, no debemos tener miedo a afrontar todo aquello que tratamos de evitar, tampoco al dolor que lo acompaña, porque sin ellos viviremos estancados en una vida fútil y aburrida.

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